Los chicos, muy probablemente, leen más que hace unos años y, definitivamente, escriben mucho más, en otros formatos textuales. Consideremos la cantidad de mails, de blogs, de mensajes de texto que producen, frente a la cantidad de cartas que se escribían. El tema es que lo están haciendo en otro soporte. No debemos pelearnos con esos formatos alternativos, sino adoptarlos, simplemente.
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No han cambiado durante estos años, en realidad, sólo se expresan a través de canales diferentes. Puede que estén un poco más separados del libro en papel, pero la lectura puede apoyarse en otros. Y tenemos que aprovechar las posibilidades que cada soporte nos brinda, y son muchas. Lo importante es lo que está escrito, no importa dónde.
Como escritor, no pienso en el soporte cuando creo. No considero que se trate de restarle espacio a los nuevos soportes, el libro tiene el suyo, y debemos aprovechar los otros. Lograrlo, conseguir una convivencia lógica entre todos, planificada, debe ser nuestra búsqueda. Pero siempre apuntando al goce.
Es imprescindible que las nuevas tecnologías de comunicación, internet, televisión, se incorporen a la educación.
En muchos de estos cursos y jornadas, percibimos la distancia que muchos docentes todavía, extrañamente, tienen con las TIC. Es fundamental que venzan esa resistencia, esa distancia. En realidad, es la expresión del miedo que sienten frente a lo que no conocen, a lo que no manejan. Resuelven ese temor atacándolas. Debemos repensar algunas posiciones establecidas. Frente a esas tecnologías nuevas, es poco lo que podemos enseñarles a los chicos, que crecieron entre ellas. El docente debe acomodarse a una situación nueva. Eso, a veces, es lo que genera temor, y rechazo.
¿Cómo incluyo el teatro en mis actividades? Con mucho, mucho juego. Muchos docentes se sorprenden al ver que en una jornada de dos horas de teatro leído podemos recorrer más de diez obras. Siempre paso por trabajos de Javier Villafañe, por obras de Adela Basch. Y trabajamos dinámicas para que después las lleven a las aulas. Al principio, hay angustia por no poder abordar los temas, pero después sale, siempre.
El teatro nos da algo que siempre tiene que tener la lectura: goce, placer, disfrute. Al leer con otro te divertís, compartís, te integrás. Espontáneamente, se ponen en funcionamiento la solidaridad, la escucha del otro, la comprensión, la tolerancia. Haciendo una obra, se pone en práctica todo eso. El texto te pone, necesariamente al representar un papel, en lugar de otro. Si adquiero esa costumbre puedo entender por qué otro hace lo que hace, por qué dice lo que dice, puedo comprenderlo. Y al hacerlo percibo que los demás deben estar repitiendo el proceso conmigo. El teatro enseña a mirar desde el otro. El docente tiene mucho para laburar con eso, amén de las cuestiones conceptuales.
Lo que se aprende, fundamentalmente, es que se puede, se puede. Estas instancias provocan desafíos, pequeñas crisis provocadas que hacen que los chicos, como un barrilete, pidan soga para hacer su propio recorrido.
Si tuviera que comparar la situación entre los distintos niveles educativos, veo gran preocupación en los docentes primarios por la lectura. En muy pocos casos percibo esto en los profesores de la secundaria. Incluso, y me sorprende, entre los profesores de literatura. Considero que es consecuencia de que en muchos casos son profesores taxis, que van de una escuela a la otra, y eso les impide ver qué necesita cada grupo, y cada chico en particular, con qué se engancha, por qué costado los podemos tentar a seguir leyendo.
Los programas oficiales de promoción de la lectura son buenos. A nivel nacional funcionan bien. También los veo bien en algunos municipios. A veces, a nivel provincial, buenos planes se ven afectados por intereses políticos.
Las familias deben recuperar para sí la responsabilidad, en cuanto a la promoción de la lectura, que han dejado sólo en manos de los docentes.
La lectura debe volver a las familias. En ellas se debe crear un espacio de lectura solidaria, compartida, disfrutada y discutida. Eso producirá lectores críticos. Ciudadanos con capacidades y actitudes beneficiosas, que dejen de ser pasivos. Que tengan dominio sobre el “zapping” social. Así como cambiamos de canal en la TV, tenemos que decidir a quiénes vamos a darles espacio, pero no por revancha y castigo, sino a partir de una lectura crítica de la sociedad, una lectura social.
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